El Margen de la Ley :: El Blog de Audens
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Hagan juego… online

Si un medio de comunicación titula una noticia con un día de la semana seguido de la palabra “negro”… la cosa pinta mal. Enseguida lo asociamos a una catástrofe económica, un derrumbe en las bolsas, un parón en los mercados o un repunte de la prima de riesgo, naturalmente acompañado por la historia personal de un afectado por la calamidad de turno.

Si lo recuerdan, en abril de este año muchas personas sufrieron un ‘black friday’, que esta vez no afectó al mercado continuo o al barril de brent: simplemente habían hecho ‘crack’ tres de las mayores empresas de póquer online del mundo, provocando el caos entre sus usuarios.

En resumidas cuentas, en EEUU, donde se destapó el ‘cotarro’, hace unos cinco años que se aprobó una ley para controlar el juego online (la UIGEA o Ley de prohibición de las apuestas ilegales en Internet) y, claro, para evitar estar sujetas a esta legislación, muchas empresas “cerraron” en EEUU para operar desde otros territorios menos restrictivos. Por ejemplo, desde la Isla de Man.

Otras de esas puntocom, no obstante, decidieron no abandonar la tierra de las oportunidades: se quedaron y se hicieron con el mercado, incrementando en decenas de miles su número de jugadores. Algo que, como se pueden imaginar, no fue del agrado de quienes habían emigrado, que decidieron denunciarlas. Por competencia. De ahí el consiguiente ‘poker black friday’. Y tirando del hilo… se ha liado parda. Una de esas salas online (Full Tilt), ha pasado de ser acusada de operar ilegalmente en EEUU, a enfrentarse a una investigación por uso de técnicas de estafa piramidal, lo que ha destapado una deuda a sus jugadores cerca de 300 millones de euros. Al parecer, han empleado el típico esquema Ponzi para captar más jugadores (ver nota al final del post), a los que ofrecían grandes ganancias y premios… que provenían del bolsillo de los nuevos apostadores. Un lío, vamos.

Desde que fue ratificada en mayo de este año, no había tenido oportunidad de comentar nuestra nueva Ley 13/2011, de regulación del juego, que por primera vez aborda el negocio de la apuestas online. Así que aprovecho ahora para hacerlo.

Para empezar, he de decir, que es una ley fácil de leer y digerir. Ahora bien, al referirse a un mercado regulado, las exigencias son numerosas… y, a menudo, ciertamente lógicas – dejando a un lado el largamente debatido régimen fiscal. De esta forma, y en líneas generales se exigen garantías económicas, técnicas y administrativas a los operadores; se les imponen una serie de requisitos para la homologación de sus sistemas; se establecen determinadas obligaciones para la protección de consumidores y usuarios, y también una serie prohibiciones específicas en materia de publicidad. Veamos algunas cuestiones relevantes de esta ley, para hacer una composición general:

  • Estas son algunas de las operaciones afectadas por la ley: ‘juegos’ prácticamente, todos aquellos en los que se arriesguen cantidades económicas sobre futuros inciertos; ‘loterías’ como actividad en la que se premia una combinación determinada según sorteo o evento; ‘apuestas’ cualquiera en la que se apueste dinero sobre un hecho futuro e incierto ajeno a los participantes (por ejemplo, resultados deportivos); rifas, concursos u ‘otros juegos’ como por ejemplo el póquer o la ruleta, en los que exista un componente de aleatoriedad o azar y en los que se arriesguen cantidades de dinero u objetos económicamente evaluables; y aquellas combinaciones aleatorias con fines publicitarios o promocionales.
  • Los operadores estarán obligados a contar con una licencia especial. Para ello, por supuesto, habrán de cumplir con una serie de obligaciones administrativas, técnicas y económicas, y se encontrarán sometidos a lo que parece un férreo control gubernamental.  De momento, los operadores existentes tienen hasta 2012 para adecuarse a la nueva norma, y los que se quieran implantar en España, deberán hacerlo desde el momento de otorgamiento de la licencia.
  • Deberán constituir garantías reales, según las cuantías que determinen los reglamentos que se establezcan. Además, los operadores han de ofrecer información clara y veraz sobre los derechos de los participantes, entre los que se encuentran, como es lógico, cobrar los premios en tiempo y forma, poder reclamar cualquier anomalía a la Comisión Nacional del Juego, conocer las cantidades apostadas y los saldos existentes…
  • La publicidad les estará permitida, pero sujeta a condiciones y previa autorización. Las prohibiciones que establece esta Ley afectan también a las agencias de publicidad o prestadores de servicios de comunicación audiovisual o electrónica, e incluso a los medios de comunicación y a los servicios de la sociedad de la información, que deberán efectuar funciones de control sobre los anunciantes toda vez que se trate de publicidad y promoción directa o indirecta de juegos o de sus operadores.
  • La cuantía de las sanciones es elevada: en resumen, podría implicar multas de hasta cien mil euros para infracciones leves; hasta un millón de euros y la suspensión de la actividad en España por seis meses para las graves; y las muy graves hasta cincuenta millones de euros, la pérdida de la licencia y la inhabilitación para la realización de las actividades similares por cuatro años.

Desde luego, 2012 será un año muy interesante para comprobar la aplicación y la efectividad de la nueva ley, que iremos siguiendo de cerca. Mientras tanto, ¡qué quieren que les diga, yo quiero mus!

Nota:
Las estafas piramidales, como el esquema ‘Ponzi’, como es lógico, están prohibidas en España por varias normas: desde la Ley de Competencia Desleal, que las considera desleales por engañosas, “en cualquier circunstancia”, hasta la Ley de Ordenación del Comercio Minorista o el propio Código Penal, por supuesto. A muchos les vendrán a la mente el caso Madoff, o el de Fórum Filatélico. Sin embargo, son más comunes de lo que la gente piensa y muchas no salen en los medios por las pequeñas cantidades que logran estafar. Desconfíen de las grandes promesas de enormes beneficios a corto plazo y recuerden que nadie regala duros a cuatro pesetas.

Mi amigo el mago

Tengo un amigo mago. Es un artista: con un par de globos, unas cartas y un sombrero puede entretener a las personas que le pongas delante, da igual una que doscientas. Vista su habilidad, decidió que sería una buena idea sacarle provecho económico y, dicho y hecho, optó por la opción más segura: acudir a un local público de reconocido prestigio, con mucha afluencia de público, a realizar sus números.

Obviamente, muchos más artistas tienen la misma idea. Para regular un poco este asunto, el gobierno municipal estableció unas normas que los artistas debían cumplir para poder actuar. Un criterio de selección exclusivo, vamos: la actuación tiene que ser de calidad, no tiene que ser igual que la de otro artista que ya esté por allí, han de dominarse varios idiomas, no ha de ser peligrosa para los espectadores, si utiliza materiales como globos tienen que ser de una determinada marca, la indumentaria tiene que ser elegante y acorde al estilo del local…

En fin, que mi amigo el mago se prepara durante varios meses para cumplir todo esto, se deja un dineral en ropa y en globos, en clases de idiomas… Y, por fin, lo consigue: todos los requisitos cumplidos y una plaza en el mejor local. ¡Bien! ¡El esfuerzo valió la pena!

Dos días después me llamó para decirme que le habían retirado el permiso.

  • ¿Pero cómo? ¿Por qué? -le pregunté- ¿Ha salido algo mal? ¿Alguien se ha quejado? ¿Algo no funcionaba?
  • Nada de eso, hice todo tal y como me lo pidieron.
  • ¿Entonces? – Mi estupor jurídico ya afloraba, a estas alturas.
  • Verás, el director del centro ha decidido que ya no quiere que esté. Y punto.

El lector, supongo, verá en esto una injusticia y pensará: “pobre chico, no puede ser, un funcionario no puede cambiar así de idea, unilateralmente. ¿Y los gastos? ¿Y el tiempo invertido?” Eso mismo le pregunté yo.

  • Pero eso no puede ser, ¿rompen el contrato sin más?
  • Había una cláusula en el contrato que ponía que podían hacer lo que les diera la gana.
  • ¿Y lo firmaste? ¡Eso es abusivo! ¡Déjame verlo!
  • Yo y millones más. Y no te lo puedo enseñar, ni hablar de eso… es confidencial.
  • ¿Millones más? ¿Tantos artistas hay?
  • Esto… es que no fui sincero del todo… en realidad soy… desarrollador de Apps.
  • Ufff…

Espero que perdonéis la historia, que no es real pero podía serlo. Esta es, tal cual, el día a día al que se enfrentan muchos desarrolladores de aplicaciones para las grandes plataformas (Apple Store, Android Market o el mismo Facebook).

Un desarrollador invierte meses (si no más) en preparar una aplicación para que cumpla todos los requisitos del “Developers License Agreement” de turno. Al tratarse de contratos protegidos por cláusulas de confidencialidad, no seré yo quién lo desvele, pero baste apuntar que obligan a utilizar determinadas tecnologías, distintos idiomas, ser multiplataforma, limitar ciertos contenidos y evitar otros, y… bueno, el resto de los requisitos del mago también les son aplicables. Aparte de que, a menudo, se queden con un jugoso porcentaje de los ingresos…

Y, sí, incluyen una cláusula en la que se reservan la facultad de aceptar o denegar, o incluso eliminar una vez haya sido aceptada, cualquier aplicación. La que quieran, cuando quieran. Sin necesidad tan siquiera de que se deba a un “cambio en las condiciones de la licencia” (aunque también lo hacen en casos gordos).

Su palabra es ley, como la de los reyes absolutos, y así ha de ser aceptada. Y nada de que se te ocurra opinar sobre términos como “irretroactividad de leyes no favorables” porque desconocen su significado por completo. Y ni mucho menos de “cláusulas abusivas”. La carcajada puede llegar a Silicon Valley (perdón, sin nombres…)

Actualmente, los desarrolladores (y hablamos de millones de ellos) aceptan los términos de estas plataformas y su deslumbrante y no escondida arbitrariedad unidireccional, como aquel grupo de amigos aceptaba que el pulpo es un animal de compañía: o lo aceptas, o te quitan el juego de mesa. Y claro, por dejar de jugar solo te aburres, pero por perder una aplicación lo mismo pierdes tu negocio.

Estas plataformas están llegando a convertirse en entes supranacionales con, en ocasiones, más poder e influencia en la vida de algunos emprendedores que algunos Estados.

Hay soluciones. Es obvio que una buena base técnica y una exhaustiva asesoría legal (cumplir 100% o más la licencia, en todos y cada uno de los extremos de sus 41 páginas… perdón, eso es confidencial… ¡Ah no!, es un dato agregado, lo puedo decir) aumentan las posibilidades de que se acepte la aplicación en primer término y ayudan a que perdure en el tiempo.

Pero si a alguien de los de arriba no le gusta tu arte, amigo desarrollador, hasta que podamos obligar a que las cosas cambien… más vale que tengas otro espectáculo preparado. Este, puede que te lo retiren porque sí. Y te quedas con los globos.

Más diligencia, menos multas

Ley de Economía Sostenible. Ríos de tinta se han vertido sobre el anteproyecto, el proyecto, y sobre la misma ley tras su entrada en vigor el pasado marzo. Dejando a un lado otras cuestiones ya tratadas en este blog en el pasado, hoy toca reflexionar sobre la disposición adicional quincuagésima sexta (¡ojo con el numerito!), que viene a modificar la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de carácter personal (LOPD). Una cuenta pendiente en el quehacer de este blog.

La LOPD es de sobra conocida: por las condiciones a las que somete la recogida, tratamiento y cesión de datos de carácter personal; por las obligaciones de responsables de ficheros o tratamientos en sus relaciones legales con proveedores y cesionarios… y, cómo no, por las sanciones que impone la Agencia Española de Protección de Datos por los incumplimientos de una norma que, no lo olvidemos, atañe a un derecho fundamental.

La Ley de Economía Sostenible introduce una serie de modificaciones que afectan sustancialmente al régimen sancionador de la LOPD. Por un lado, reorganiza los hechos constitutivos de infracción, resumiendo y condensando supuestos y reduciendo la letanía de tipos contemplada en la ley original. Aportando, en definitiva, un poco más claridad.

Por otro lado, aporta nuevos criterios de graduación de sanciones: se pasa de un sistema un tanto aleatorio y cerrado para todos los infractores, a otro que tiene más en cuenta la trascendencia de la infracción cometida y las circunstancias del infractor, en línea con la jurisprudencia de la Audiencia Nacional. Estas son las nuevas circunstancias a tener en cuenta:

  • La vinculación de la actividad del infractor con la realización del tratamientos de datos.
  • Su volumen de negocio o actividad.
  • El carácter continuado de la infracción.
  • El hecho de que la infracción se deba a una anomalía puntual, siempre que el infractor cuente con procedimientos adecuados para la recogida y tratamiento de datos.

Como ven, este nuevo sistema permite aplicar sanciones más proporcionadas, lo que probablemente se traducirá en multas menos cuantiosas en el caso de las Pymes. E, igualmente, beneficia al empresario previsor, que implementa métodos de información adecuados, mantiene relaciones contractuales sólidas y diseña los procesos que implican el tratamiento de datos personales de forma ajustada a la normativa. Esta actitud, llamada por los sajones accountability, jugará decisivamente a favor del infractor diligente que no pudo prever una irregularidad accidental.

Para completar los cambios, se han modificado igualmente las cuantías de las sanciones, creando un nuevo escalado: hasta 40.000 euros las infracciones leves, hasta 300.000 euros las graves y hasta 600.000 las muy graves. Sin embargo, la mayor novedad no reside en estas cifras, sino en la ampliación de los supuestos en los que procede aplicar la escala inferior en grado para las infracciones… o lo que es lo mismo, sancionar las infracciones muy graves como graves, y las graves como leves. ¿Las condiciones? Tan simples como regularizar rápidamente la situación en caso de denuncia, o el reconocimiento de la culpabilidad en caso de infracciones flagrantes. Interesante opción para quienes hayan sido inspeccionados recientemente.

Finalmente, y si su empresa ha sido sancionada en los últimos tiempos, observe este dato: si la infracción cometida, con los nuevos criterios, conlleva una sanción menor, los tribunales tienen la obligación de reducírsela. Lo que, en el caso de las infracciones graves, está suponiendo una rebaja media de 20.000€ en las multas impuestas por la Agencia. ¡Téngalo en cuenta!

Las redes sociales, a debate

Este sábado reconocía en las antenas de Onda Madrid que tengo el blog bastante abandonado, y tras entonar públicamente el mea culpa, retomo mi participación abordando, precisamente, el tema que debatíamos entonces: las redes sociales.

Nuestra amiga Ana Alderete nos invita con cierta frecuenca a su programa Esencia de Mujer, que emite la cadena pública madrileña en las mañanas de los sábados. Con semejante tema de debate, fue un auténtico placer acudir al estudio, recién aterrizado de las vacaciones estivales.

Mucho ha llovido desde que miles de personas nos fuimos dando de alta en las incipientes redes sociales, y mucho han evolucionado: como herramientas de comunicación, de ocio o de trabajo, pero también en cuestiones legales. Hoy, con millones de usuarios en sus sistemas, siguen estando lejos de cubrir satisfactoriamente los que son para mí sus dos caballos de batalla: facilitar información clara y precisa y permitir al usuario una gestión transparente de sus contenidos. Son estos los objetivos hacia los que deberían dirigirse, en el plano jurídico, para culminar su evolución y perfeccionamiento… sin olvidar la necesidad de avanzar y mejorar, también, en la protección de los usuarios y su intimidad.

En el agradable debate, que pueden escuhar íntegro un poco más abajo, y que fue conducido en esta ocasión por Andrea Fidalgo, pudimos abordar cuestiones como la conveniencia de implicarnos en la formación y concienciación de los menores, o la necesidad de emplear el sentido común al participar en estos entornos, pues la información que colgamos o cuelgan de nosotros puede perjudicarnos en procesos de selección, enturbiar nuestras relaciones personales o, peor aún, derivar en problemas legales.

Curiosamente (o no) los cinco contertulios coincidimos en gran medida en nuestras conclusiones, que me atrevería a resumir en dos: las redes sociales son herramientas muy útiles, pero los usuarios debemos ser conscientes de las implicaciones de su uso, y actuar en consecuencia.

[audio:http://www.clubesenciademujer.com/sites/default/files/programas/radio/Esencia%20de%20Mujer%20-%20sabado%2027%20agosto%202011.mp3|titles=Debate: Redes Sociales ¿positivas o negativas?]

Esto me suena…

Me paso la vida escribiendo, es un hecho. Escribo para redactar informes, contestar mails o relacionarme con la administración (¡ese mundo!), continúo escribiendo para contestar demandas (o para interponerlas), escribo y escribo para el doctorado, y de vez en cuando escribo un poco más para un post en el blog. Ah, y escribo tuits, y reseñas, y comentarios…

Lo dicho, escribo y escribo. Y como yo, casi todos los demás. En nuestro día a día creamos cantidades ingentes de contenido en formato texto. A veces no pasan de meras formalidades, otras veces son verdaderas obras originales que nos preocupamos de proteger, y luego están esos otros escritos, llamémoslos “intermedios” que, nos han llevado horas de trabajo e ingenio pero no registramos, como textos legales que escribimos para clientes, artículos del post de “día a día”…

Pues bien, sobre todos estos tipos de texto puede darse el milagroso desdén del ctr+c – ctrl+v, también conocido como “burda copia”, o incluso como “plagio”.

Pongamos un ejemplo, muy real y muy cercano. Un abogado cualquiera (no tiene porqué llamarse Eneko Delgado, pero podría ser) que, en un ejercicio de vagancia, pega en un buscador parte de las condiciones legales que escribió para un cliente, ya que no recuerda exactamente la dirección web del mismo y deduce que, ante una búsqueda de casi tres párrafos entrecomillada, el resultado directo será el site de su cliente en la página de “aviso legal”. No en vano,  ¿qué otro resultado podría ser tan idéntico?

¡Ups! ¡Pues no! Resulta que aparecen, además, otras tres web con idéntico texto. “Tiene que ser casualidad”.

Un frustrante rato de búsquedas después la evidencia es que no, que no es casualidad.

Al igual que no todos los diagnósticos médicos valen para todas las enfermedades, ni todas las brocas de taladro para todas las paredes (aunque al final todo sean personas, y todo sean paredes) obviamente tampoco un texto legal escrito y preparado específicamente para una web vale para otra sin modificación alguna.

Podemos llegar a varios absurdos (true story), así que permitanme unos ejemplos sobre el arte de copiar pegar y sus problemáticas varias, como los que os resumo:

  • Incluir “condiciones de compra” en el aviso legal de un blog que no tiene tienda online.
  • Remitirse al fuero de Madrid, siendo una página de hoteles del país vecino (no digo de cual de los tres, pero era abochornante).
  • Ser tan avispado de no cambiar siquiera el dominio de la dirección de ejercicio de derechos ARCO, y plantar con toda elegancia un “…en la dirección infolegal@cocamola.es” (este ejemplo no es real, pero era igual de sonrojante).

En fin… riesgos aparte, y extrapolando del ejemplo de estas condiciones legales, a todo autor le preocupa el tema del plagio en Internet. Textos que han costado esfuerzo y sacrificio, con un interés diferenciador, de posicionamiento y de servicio para nuestra web, que son copiados más o menos literalmente por terceros.

El control y la defensa de nuestro trabajo no es únicamente cuestión de honor o autoprotección. Es también un ejercicio de coherencia y fidelidad a nuestros clientes, que han pagado por un trabajo serio y riguroso que otros no deben utilizar de forma gratuita sin consentimiento. Dar valor a nuestro trabajo y a su inversión y, en definitiva, mantener la seguridad jurídica de unos y otros.

Sin querer entrar ahora en disquisiciones sobre “modificaciones sustanciales” que llevan a diferenciar el “plagio” de la “inspiración”, creemos conveniente comentar un par de modos útiles para proteger y controlar el uso de nuestros textos:

  • Control y seguimiento: un control rutinario de nuestros trabajos más “copiables”, esto es, de aquellos que por su utilidad práctica o su interés puedan ser más proclives a ser fusilados directamente por los amigos de trabajar poco, puede ser de extrema utilidad para detectar y prevenir estas acciones. Así mediante sistemas tan sencillos como la búsqueda en Google, o un poco más avanzados mediante herramientas como Plagium, podemos controlar el uso indebido de nuestro trabajo y reaccionar en tiempo y forma.
  • Protección registral, que tradicionalmente se hace a través del Registro de Propiedad Intelectual: un procedimiento sencillo y de escaso coste económico, pero cargado con un rigor, inelasticidad y lentitud que puede no ser muy conveniente. Aunque aporte una innegable seguridad jurídica.
  • Protecciones alternativas, como la que ofrecen servicios como SafeCreative, que permiten una aproximación mucho más flexible y adaptada a Internet.

Para ulteriores actuaciones, y si la vergüenza de saberse cazado en la copia y notificado no fuera suficiente para la cesación por parte del “copión”, puede recurrirse a evidencias electrónicas que nos permitan asegurar la autoría y fecha de creación de nuestros textos en una hipotética demanda o reclamación.

O podemos levantar acta notarial con una sonrisa si vemos que la inutilidad del copión es tal que ha firmado “nuestra” obra en “su” web, cambiando simplemente el nombre del autor… pero no los apellidos.

A veces este trabajo nuestro es divertidísimo. Compañeros, a seguir escribiendo, y mucho, que es una experiencia apasionante.

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