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Operar en Internet sobre seguro

Operar en Internet sobre seguro

Que se manifieste la empresa o profesional que no cuenta con una página web, un blog o algo parecido, con la finalidad de ofrecer un escaparate de sus servicios y tratar de captar el mayor nivel de atención posible en la Red. Hemos querido ofrecer una serie de, lo que consideramos, pautas básicas a tener en cuenta no sólo de cara a cumplir la legislación que gobierna Internet, sino también para evitar problemas y minimizar riesgos:

  1. Autorregulación. Aunque con límites y matices, del mismo modo que un local se reserva el derecho de admisión, es el titular de una página web quien establece las condiciones de entrada a la misma, así como el modo de comportarse una vez dentro. Los términos y condiciones que todos afirmamos leer, comprender y aceptar, están ahí para algo y, a veces, son de lo más útil.
  2. Informar, informar e informar. De entre todas las obligaciones que tiene el titular de una página web, un gran número de ellas están ligadas a la información a los visitantes y a la accesibilidad que tienen a la misma. Por ejemplo, quién es el titular o qué normas regulan el uso de la página.
  3. Respetar derechos ajenos. Es muy fácil vulnerar derechos de terceros (comúnmente, derechos de propiedad intelectual e industrial, derechos de imagen…) a través de Internet; por ejemplo, colgando una foto para adornar un post o poniendo música de fondo en nuestra web. Debemos asegurarnos de contar con las autorizaciones oportunas para ello.
  4. En ocasiones, podrán ser los visitantes de nuestra página quienes vulneren derechos ajenos; en tal caso, debemos establecer un medio para que cualquiera pueda efectuar reclamaciones, además de reservarnos la posibilidad de retirar contenidos y establecier límites a nuestra responsabilidad.
  5. Cookies. Desde hace poco venimos sufriendo las consecuencias del cambio en la regulación en este tema, de lo cual hemos hablado antes aquí o aquí. Por lo general, la utilización de estos pequeños archivos supone tener que cumplir con obligaciones adicionales, principalmente relacionadas con la información al usuario.

Además, cuando obtenemos datos de nuestros visitantes a través de la web es necesario tener en cuenta la legislación en materia de protección de datos, y cuando permitimos la contratación de nuestros servicios o la compra de bienes a través de Internet, se ha de respetar la legislación de comercio electrónico.

Por otro lado, con tantas redes sociales, es imposible no estar presente en unas cuantas de ellas. Igual que nosotros establecemos nuestras normas, Facebook, Twitter, Google… todas ellas tienen condiciones de acceso y uso, que deben ser respetadas. Si bien es cierto que, para utilizarlas con seguridad y no llevarnos sustos, debemos leerlas con calma, en la práctica podríamos resumir estas reglas en dos: respetar, tanto a la propia red como a sus usuarios; y no vulnerar derechos de terceros al compartir contenidos.

En definitiva, como en todo, se trata de actuar con cabeza. Si algo en nuestro interior nos dice que estamos haciendo algo mal, es mejor no hacerlo (o preguntar primero) y, por supuesto, no deberíamos hacer nada que se supone que no haríamos en cualquier otro ámbito: insultar, difamar o humillar a alguien o publicar contenido ofensivo o inapropiado.

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Como nos recuerdan por Twitter, ¡tampoco os olvidéis de la accesibilidad!

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