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Los siete samuráis

Los siete samuráis

Japón, s. XVI. Un pueblo acosado por los bandidos. Indefenso. Temeroso. Sin nadie a quien recurrir. Hasta que aparece Kanbei y se compromete a defenderles, junto a sus seis valientes compañeros. Lo que empieza siendo un acuerdo por un par de puñados de arroz, pronto se convierte en una cuestión de honor, lealtad y proyecto de comunidad. El éxito, la fortuna y el desarrollo del pueblo están garantizados. Nada pueden los bandidos. Ganan los buenos con la ayuda de los siete samuráis (Kurosawa, 七人の侍 Shichinin no samurai)

¿Y qué tiene que ver esto con un blog de temas legales?

Pues todo, mis queridos compañeros y compañeras. Cambiemos ahora por un momento al pueblo por una start-up y veamos como, mágicamente todo encaja. Es más, los peligros, miedos y agobios son casi los mismos. Y para evitar que, como en la película, haya que perder el tiempo en intentos fallidos de búsqueda de samuráis que no son los adecuados, es momento de presentar en sociedad al equipo de pasos legales imprescindibles para comenzar un proyecto emprendedor. Cada uno de ellos merece un capítulo entero, y en su momento lo tendrán (palabra) pero por ahora, al menos permítanme presentárselos por su nombre y su “gemelo” legal: los siete samuráis del emprendedor:

1. Kanbei, la fama y el respeto: Registro de marca

Al igual que su alter ego en la película, una empresa quiere llegar a ser conocida en el mundo entero. Que se hable de ella, que se la reconozca, pronuncie y loe en generaciones venideras. Pero la fama conlleva riesgos. Y para ello esta nuestro primer paso legal: la marca. Rápida, segura, protectora. El registro de la marca en la OEPM (o en la OAMI, si preferimos una protección europea) permitirá a la empresa llevar su nombre por el mundo sin miedo a que nadie se lo robe. Una empresa que protege su marca protege su esencia, sus esfuerzos en comunicación, su presencia en el mundo offline y sobre todo online.

2. Katsushiro, señor del silencio: NDA

Un samurái se basa, entre otras cosas en su honor, su “meiyo”, una de las siete virtudes del bushido. Pero, cuando se trata de iniciar un negocio en el siglo XXI, el honor no es, precisamente, uno de los más habituales compañeros de juego. Es imprescindible compartir información para conseguir apoyos, colaboradores, financiación.. incluso antes de comenzar el mismo proyecto. Pero existe el riesgo de que una de estas personas a las que compartimos información no sea del todo honorable y quiera robarnos la idea, la oportunidad, el proyecto… Para evitarlo debemos contar con otro fiel guerrero, de máxima utilidad para recordar a cualquiera que debe cumplir el secreto de lo que se le cuente. Hablamos del NDA (acrónimo de Non Disclousure Agreement), el acuerdo de confidencialidad, que nos permitirá compartir nuestra idea en condiciones más seguras. Un consejo: alguien que no quiere firmar que respetará el secreto de tu idea, es muy posible que no merezca conocerla.

3. Shichiroji, cuya palabra se cumple: LOI

Un samurái no precisa prometer ni jurar nada: lo que dice, se hará. ¿Acaso hay algo más de fiar que la palabra de un samurái? Pues sí, una buena LOI (Letter of Intent, o Carta de Intenciones). En cuestión de negocios, los planes, las promesas y los “…y cuando entre el dinero entonces…” se los suele llevar el viento. Es recomendable contar con un documento que siente las bases para que, en contextos de necesidad de financiación, o de proyectos conjuntos (por ejemplo, acuerdos de colaboración a futuro cuando la empresa esté finalmente constituida), pueda avanzarse con seguridad de que todo el mundo cumplirá su palabra.

4. Heihachi, un hombre sólo es amigo de su espada: el pacto de socios

Antiguos amigos. Futuros enemigos. Poco se puede decir de este protector de la aldea que no se sepa ya. Un pacto de socios firme, bien estructurado, claro y meridiano en todos los aspectos, y que además recoja todas (y repito, todas) las posibilidades de futuro es la mejor manera de avanzar con paso firme.Las personas cambián, el papel permanece, y en eso sí se puede confiar pase lo que pase.

5. Kikuchiyo, el germen de un grupo: los estatutos

Para que llegaran a ser leyenda, un hombre luchó para unirlos, puso las normas para convencerlos y llevar todos los pasos a buen término para que no fueran únicamente siete samuráis, sino “los” siete samuráis. Por separado no habrían conseguido nada, pero como conjunto, como equipo, pudieron resistir cualquier adversidad. Del mismo modo, los socios de una empresa deben tener un guía, un referente que les ayude a saber el camino y el procedimiento, sus fines, sus objetivos, los medios con los que contarán y como se repartirán los beneficios, cómo se elegirá al líder y durante cuanto tiempo… mil y un pequeños detalles que conforman los estatutos de una sociedad.

6. Kyuzu, la perfección desde el detalle: avisos legales de la web

Todo samurái tiene espada. Un buscador de la perfección nunca deja de practicar con su espada, ya que es lo primero que verán los demás. Del mismo modo, todo proyecto nuevo tiene una web, lo primero que verán los futuros clientes, y para que esta sea perfecta, sus condiciones legales y de uso, y su política de privacidad, también deben serlo. Han de recoger todo, y bien, desde aspectos como la protección de datos a obligaciones de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información, pasando por aspectos de publicidad, propiedad intelectual e industrial… Y siempre practicando, afinando y afilando estas condiciones para que se ajusten a la perfección a los cambios de negocio, legales y de necesidades de la empresa. La perfección viene del continuo esfuerzo en los detalles.

7. Gorobei, la espada no debe molestar al hombre: modelos de contratos

El mayor entrenamiento, la mejor de las tácticas de guerra, los mejores guerreros y la más intensa preparación, no sirven de nada si el samurái tiene una espada que no se ajusta perfectamente a su mano. En ella todo debe ser perfecto, el equilibrio, el peso, el brillo, la empuñadura… una prolongación de su cuerpo que le hace mejor y más completo. Nada en ella sobra ni falta. Del mismo modo, los contratos básicos de una empresa deben ser perfecto, ajustado , personalizado… Ideados desde el comienzo como herramienta de venta, no como impedimento o “engorroso trámite”. Un buen modelo contrato con los clientes finales debe ayudar a vender, y además, a proyectar una imagen de la empresa seria, práctica, confiable y transparente.

Con la ayuda de estos documentos, pasos y registros (en su caso); y sin dejar de lado las buenas relaciones con los shōgunes (Hacienda y la Seguridad Social, principalmente); no cabe duda de que la empresa sobrevivirá a cualquier peligro y saldrá adelante. Al fin y al cabo, ¿quién no quiere unirse a alguien que cuente con siete samuráis a su servicio?

PD: En serio, me encanta esta película y la recomiendo encarecidamente. Y sí, he de reconocerlo, ha sido leer un artículo sobre “La diligencia” y me ha podido la envidia insana. Yo el recurso al cine no puedo dejarlo pasar sin hacerle un guiño. Aunque siempre me tire más el tema oriental…

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