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Adecuar la web a la ley: indispensable

Adecuar la web a la ley: indispensable

Si hace unas semanas decíamos que la protección legal empezaba por cuidar la marca, no cabe duda de que sigue por una debida adecuación legal de nuestra página web. Porque, sí, aparte de aparecer en redes sociales, todos y cada uno de los proyectos empresariales nuevos cuentan con un sitio web (o al menos, así suele ser). Y ello independientemente del tipo de negocio que se esté lanzando, ya tenga que ver con las nuevas tecnologías o simplemente haya previsto comercializar online sus productos y servicios.

En este contexto, la primera imagen que el público (y por el público me refiero a todos los potenciales clientes de la empresa) vana tener del proyecto va a ser, precisamente, la que ofrezca este sitio web, escaparate directo de nuestra empresa, nuestros valores, intenciones, productos, servicios, equipo… Todo lo que somos en un primer momento, y lo que pretendemos ser u ofrecer, se muestra como primera impresión desde la página web. ¿Cómo no va a ser indispensable que esta primera impresión se realice con el debido asesoramiento desde el plano legal?

Habitualmente dedicamos un gran esfuerzo (en términos económicos pero también temporales) a que la web sea atractiva, usable, innovadora, diseñada para promover la contratación, dinámica, llena de contenidos… El plan , habitualmente, no pasa únicamente por que nos contraten, sino por dar la imagen adecuada y conseguir una vía de contacto directa con los consumidores, a los que se les da la oportunidad de registrarse como usuarios, recibir newsletters (adoradas por el departamento de marketing, ¿verdad)?… y un sinfín de objetivos empresariales muy acordes con nuestro elaborado plan de empresa. Pero, ¿qué pasa si no prestamos atención a la parte jurídica?

En primer lugar estaremos incumpliendo numerosas obligaciones legales, cuyas consecuencias no se quedan simplemente en una posible multa (que también) sino que repercuten directamente en nuestro negocio. De este modo, si, por ejemplo, no ofrecemos la información adecuada respecto a los datos del titular de la web (habitualmente la empresa) y las condiciones de contratación (si las hay) correremos el riesgo de multiplicar innecesariamente los plazos en los que pueden devolvernos (sin causa ni justificación alguna) los productos adquiridos online. ¿Imaginan? Meses para poder recibir una devolución sin necesidad de alegar motivo alguno y otros muchos riesgos.

Lo mismo ocurre con el tema de la privacidad, la conocida Ley de Protección de Datos Personales: formularios, casillas de contacto, las citadas newsletters… requieren del cumplimiento de obligaciones en materia de privacidad para el responsable de tratamiento de estos datos personales (normalmente, el titular de la web) que van desde la simple información al ejercicio de los derechos ARCO (acceso, rectificación, cancelación y oposición) de los usuarios, pasando por el necesario proceso de obtención del consentimiento. De la implementación, adecuada o no, de las diferentes obligaciones y medidas requeridas por la legislación dependerá nuevamente la posibilidad de incurrir en infracciones que acarren multas o expedientes por parte de la Agencia Española de Protección de Datos, pero también la posibilidad de usar o no (y en qué manera) los datos de los usuarios de la web o afiliados a la newsletter… y sus posibles usos. Si nuestra intención es utilizar estos datos con fines de publicidad o, más aun, cederlos o comunicarlos a terceros para que los utilicen, más vale que lo hagamos respetando escrupulosamente los fines exigidos por la Ley o puede que todo lo recopilado no podamos utilizarlo para nada.

Y hay más, que no podemos olvidarnos de la (relativamente) reciente normativa de cookies. También respecto a esta tecnología deberemos estar muy atentos, ya que estaremos obligados a avisar de las cookies que se instalan, su origen, finalidad, tipo… pues no podrán ser instaladas en el equipo del usuario que acceda a la web si no se la ha informado de ello previamente, y obtenido el correspondiente consentimiento.

Por supuesto, tanto para los avisos legales como en los aspectos de comercio electrónico, protección de datos o avisos de cookies, existen multitud de formas y métodos que nos permiten cumplir la regulación. Encontrar el que más se adecue a las necesidades de nuestra empresa (y web) en cada momento exige una estrecha colaboración entre los diseñadores de la propia web y el equipo jurídico, que deben trabajar en sintonía. Siempre es más recomendable programar y diseñar la web teniendo en cuenta desde el principio las exigencias legales, a que en posteriores revisiones se detecte que hay que hacer modificaciones que costarán tiempo y, probablemente, dinero, que podría haberse ahorrado con una adecuada planificación.

La página web (no nos cansaremos de repetirlo) es una de las más representativas imágenes de nuestra empresa y, como tal, debemos cuidarla hasta el más mínimo detalle, lo que hace muy poco aconsejable tirar de “contrl+c, control+v” para tratar de aprovechar textos legales de otras páginas que con casi total probabilidad no se ajustarán a nuestras necesidades, ni tendrían en cuenta aspectos de nuestro negocio que requeririán personalización.

Si, de paso, aprovechamos la adecuación legal para reducir posibles responsabilidades (uso inadecuado de elementos del sitio web por parte de terceros, links a contenidos inadecuados, daños por virus…), reforzar la protección de nuestros activos (marcas, obras, fotografías, textos) de posibles usos no autorizados y, en definitiva, establecer un contexto de seguridad jurídica que además nos permita transmitir al usuario la confianza que merece. Si vamos a poner nuestra empresa a navegar por Internet, mejor hacerlo sobre seguro ¡Sobrado motivo para ser uno de nuestros indispensables legales!

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